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JOKER: el peligro que nos acecha

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Debo ser honesto: tenía un poco de miedo en mirar la película del Joker (Todd Philips, 2019), y no por el hecho que fuera solo (así como se lee, solo) al cinema, sino porque había leído críticas donde la anunciaban como violenta, enferma y moralmente corrupta, además de ser una incitación y celebración del asesinato. Sin embargo, y bien mirado, la verdadera violencia ya no es un asunto de películas, la violencia nos está desgarrando día con día con asaltos en el transporte, atracos en la salida del banco y balazos en la carretera para quitarte el auto; sin contar aquellas otras noticias de mujeres desaparecidas y asesinadas cruelmente, periodistas y luchadores sociales muertos en circunstancias extrañas; al mismo tiempo, no olvidemos el bullying en la escuela, las mentadas de madre en cada luz roja del semáforo, las miradas iracundas que uno recibe al ir caminando.        Joker no es una película de superhéroes, supervillanos ni de cómics, aunque el ...

Las dos orillas (o 500 años de la invasión hispánica en México)

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Fue el pasado 25 de marzo del 2019 que el presidente Andrés Manuel López Obrador solicitó al rey Felipe VI de España y al papa Francisco, que pidieran perdón a los pueblos originarios de México por los abusos cometidos durante la Conquista del país, hace 500 años. Esta declaración provocó reacciones a favor y en contra, pero fueron reacciones bajo el influjo de las pasiones humanas (tan así que salieron memes, parodias en programas de la televisión española, incluso un premio nobel de literatura dijo que el perdón debía ser para los mismos mexicanos, y hasta un expresidente mexicano de tremendo mostacho indicó que Amlo se había vuelto un mandilón, pues todo parecía indicar que la solicitud que hizo había sido una recomendación de su mujer, historiadora de profesión).            Yo, en mi papel de profesor de Literatura Prehispánica y Literatura de la Colonia y la Conquista , me doy cuenta de lo siguiente: Hubo sometimiento y mue...

Colosio y Un asesino solitario

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Fue una tarde de febrero de 1994 y bajo el sol quemante de invierno cuando supe en carne propia qué era ese asunto de ser un acarreado. Antes de aquello sólo me sabía la definición de la palabra por mi afecto a los diccionarios. Ni siquiera por mi padre, ferviente priísta, me llevó a los mítines como uno más del montón. Era un día normal de clases en el bachiller, cuando el profesor de Historia llamó a todos los alumnos al centro del patio. Nos dijo que iríamos a echarle porras al candidato presidencial del partido en el poder. Nos entregó pancartas, banderas tricolores y una manta. Algunos compañeros gritaron inconformes; otros más, de alegría, pues ir de acarreados nos libraba de la terrorífica la clase de Cálculo Integral. Resultaría curioso señalar que en la puerta del colegio ya nos esperaba un camión de pasajeros. El traslado no tardó más que diez minutos (creo que tardamos más en subir y acomodarnos). Descendimos de volada frente al estacionamiento de la Plaza de la Co...

Un pueblo mágico sin bicicletas

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Era algo extraño en San Pedro Cholula, pero de un día a otro la gente dejó de usar bicicletas. Las madres encadenaron sus bicis y empezaron a caminar en dirección al kínder o primaria, acompañando sus hijos, quienes no entendía porque ahora debían caminar para llegar a la escuela. Por si fuera poco, los lecheros empezaron a usar los diablos en el repartimiento de su producto, aunque eso enojó mucho a las amas de casa, porque la leche llegaba cuajada a sus puertas. Para colmo de males, los repartidores de pan sustituyeron sus bicicletas por combis y camionetas, ahora era fácil identificarlos por la canción interpretada por Tintan: “panadero con el pan, panadero con el pan”, desatando un caos sonoro que terminaba cerca de las diez de la noche, ya cuando la gente no tenía ganas de comer un cuerno o una concha, sino dormir en santa paz. Y lo que era todavía peor, sucedió en el transcurso de una semana: los vendedores de esquites desaparecieron del zócalo y la zona turística, pues te...